604 Views |  Like

JULIO GONZÁLEZ, PABLO PICASSO
Y LA DESMATERIALIZACIÓN DE LA ESCULTURA

dal 23 settembre 2022 al 8 gennaio 2023

Tradicionalmente, el trabajo conjunto entre Pablo Picasso y Julio González ha sido considerado por la historiografía del arte como el momento en el que se produce la “invención” de la escultura en hierro y, por lo tanto, la introducción de la abstracción en el territorio escultórico. Sin embargo, y por primera vez, la presente muestra plantea cómo este hecho, uno de los hitos fundamentales en el arte internacional del siglo xx, no fue algo aislado y puntual, sino consecuencia de un proceso que “respondía a un impulso de transparencia y desmaterialización que agitaba, de diferentes maneras, la creación artística de finales de los años veinte y comienzos de los treinta”, en palabras de Tomàs Llorens, comisario de la muestra en el origen de este proyecto.

“Cómo dar forma a la nada?”, se preguntó Picasso cuando le encargaron realizar un monumento que conmemorara a su amigo Guillaume Apollinaire tras su fallecimiento en 1918. Esta cuestión, a la que el artista no daría respuesta hasta casi diez años más tarde, fue inspirada por un pasaje de Le Poète assassiné (El Poeta asesinado), una novela más o menos autobiográfica del escritor en la que el protagonista anunciaba su propia muerte. Cuando el poeta Croniamantal – que no es otro que Apollinaire – muere, “El pájaro de Benin” – que encarna a Picasso – anuncia que va a erigirle una estatua. “Una estatua de qué?”, pregunta Tristouse, la novia del difunto. “De mármol? de bronce?”. “No”, contesta El pájaro de Benin, “tengo que esculpirle una profunda estatua de nada, como la poesía, como la gloria…”.

Picasso, que conocía el trabajo de González, sabía que éste había estado investigando sobre la escultura metálica como evolución natural de su oficio como orfebre, y, sin duda, fue este hecho el que hizo que, cuando hubo de contestar a la pregunta formulada al comienzo de este epígrafe, llamara a su viejo amigo para que le ayudara. Lo primero que pensó Picasso fue en hacer una jaula, pues – como refiere Tomàs Llorens en uno de sus escritos sobre este episodio – “las jaulas dan forma al aire. Lo encierran sin encerrarlo, porque no hay nada más libre que el aire en una jaula”.

La colaboración entre González y Picasso, amigos desde los tiempos de la Barcelona modernista, comenzó en septiembre de 1928. El proceso de trabajo conjunto se fue dilatando en el tiempo y finalmente no llegó a materializarse, al menos no de la manera prevista, por las continuas diferencias con el comité, que esperaba un monumento conmemorativo de carácter tradicional. A pesar de esto, sí que dio sus frutos. González creó una serie de esculturas desmaterializadas en las que trabajaría el resto de su trayectoria y que le valdrían, póstumamente, el reconocimiento de ser uno de los padres de la escultura abstracta en hierro, a pesar de que él mismo remarcó su lejanía con respecto a esta tendencia. Picasso, por su parte, aprendió las posibilidades del trabajo de forja y de la soldadura en hierro que le enseña González, así como a llevar a cabo alguna de las esculturas más relevantes del pasado siglo, como Mujer en el jardín.

En el período comprendido entre 1928 y 1932, Julio González y Pablo Picasso colaboraron en el proyecto artístico que tenía como fin realizar un monumento funerario dedicado a Guillaume Apollinaire, fallecido en 1918; Picasso había recibido el encargo de una comisió n formada, entre otros, por la viuda del poeta, Jacqueline Apollinaire,y los  escritores André Billy y André Salmon. Este trabajo conjunto, que Picasso no abordó hasta pasados casi diez años desde la muerte de su amigo y que no llegó a materializarse en los términos previstos, se ha estudiado tradicionalmente como el origen de un nuevo tipo de expresión escultórica: la escultura en hierro. El nuevo modo de trabajar el metal iba a jugar un destacado papel en la producción artística de las décadas centrales del siglo xx y sería considerado el equivalente  escultórico del expresionismo abstracto y del informalismo; es decir, equivaldría al nacimiento de la escultura abstracta. La segunda premisa desde la que se suele tratar este tema implica encerrar la indagación dentro de los límites del pequeño conjunto de obras producidas en colaboración por los dos artistas – once esculturas, siete de ellas bocetos de pequeño tamaño -, realizadas en el transcurso de unas quince o veinte sesiones de trabajo a lo largo de cuatro años. La exposición Julio González, Pablo Picasso y la desmaterialización de la escultura que presenta Fundación MAPFRE pone de manifiesto que la cuestión es bastante más compleja; su planteamiento permite un mejor entendimiento de la relación entre ambos creadores y aborda problemas fundamentales para la comprensión de la escultura moderna.

Como señalara Tomàs Llorens, comisario de la muestra, “cuando las estudiamos de cerca, se hace evidente que las obras resultantes de la colaboración entre Picasso y González respondían a las incitaciones del tiempo en que fueron creadas, más que a una voluntad de anticipación histórica”. Si bien estas piezas se inscriben, en efecto, en el clima artístico y cultural de su tiempo y conectan con el cubismo posterior a Picasso, respondiendo al impulso de transparencia y desmaterialización que practicaron asimismo Juan Gris, Henri Laurens, Jacques Lipchitz o Alexander Archipenko, no hay que olvidar – siguiendo las argumentaciones de Llorens – que ya en la Barcelona modernista del cambio de siglo se había producido un cambio profundo en la visión de las artes decorativas, que fueron equiparadas a las bellas artes, lo que conllevó un renacimiento de las primeras y, como consecuencia, de la forja del hierro.

Las trayectorias creativas de Picasso y González fueron bastante diferentes, aunque culturalmente próximas. Amigos desde muy jóvenes, ambos vivieron en la Barcelona modernista de principios del siglo XX, trabajaron en París durante las tres primeras décadas y mantuvieron un vínculo que solo rompería la muerte de González en 1942. Su colaboración artística se estudia en esta exposición teniendo en cuenta esa formación e inquietudes comunes, así como el impacto que dejó en sus respectivas obras. En el caso de González, este trabajo conjunto dio lugar a una serie de esculturas desmaterializadas, a una línea creativa que “le permite potenciar la fantasía y la imaginación como claves de su poética personal” – en palabras de Tomàs Llorens-; en el de Picasso, supuso el aprendizaje de las posibilidades del trabajo de forja y de la soldadura en hierro, así como la realización de algunas de las esculturas más relevantes del pasado siglo, como Mujer en el jardín.

Julio González, Pablo Picasso y la desmaterialización de la escultura es el último gran proyecto de Tomàs Llorens, uno de los más lúcidos y emblemáticos historiadores del arte de nuestro país, fallecido en junio de 2021. Comisariada junto a su hijo Boye Llorens, esta muestra culmina una línea de investigación a la que el historiador dedicó una parte central de su trabajo a lo largo de su trayectoria.